jueves, 14 de mayo de 2009

El invitado del día de acción de gracias

Este es un ejercicio de escritura que hicimos en Letras,
la primera parte (verde) es de Truman Capote, el resto es mio ^_^


¡Hablemos del mal! Odd Henderson es el ser humano más malvado que he conocido. Y estoy hablando de un muchacho de doce años, no de un adulto que ha tenido tiempo para madurar una innata inclinación hacia el mal. Porque Odd tenía doce años en 1932 cuando ambos éramos alumnos de segundo grado y asistíamos a la escuela de un pueblecito de la Alabama rural.

Era un muchacho alto para su edad, huesudo, de cabello rojo sucio y achinados ojos amarillos, que descollada entre todos sus condiscípulos; y era lógico que así fuese, pues todos los demás teníamos sólo siete u ocho años. Odd había suspendido el primer grado dos veces y repetía por primera vez segundo. Este lamentable record no se debía a torpeza —Odd era inteligente, quizás astuto sea una palabra más adecuada— sino a que se parecía al resto de los Henderson. Toda la familia (diez, sin contar a Pa Henderson que era contrabandista de alcohol y estaba casi siempre en la cárcel, hacinados en una casa de cuatro habitaciones, junto a una iglesia de negro) eran una cuadrilla de holgazanes y camorristas, todos dispuestos a jugarte una mala pasada; Odd no era el peor del grupo, y hermano, eso es decir algo.

Era común encontrárselo en los lugares más inesperados haciendo bromas pesadas y burlándose de todo el mundo junto a sus amigos, lo mejor en esos casos era pasar bajando la vista y tratar de no dejarse tentar por las palabras venenosas que salían de sus bocas.

Una tarde de junio, Sook, mi tía y gran amiga, me regaló unas monedas y yo salí corriendo para la tienda, anticipando alegremente la azucarada recompensa que recibiría por ellas. Cuando estaba a medio camino recordé que la vivienda de los Henderson quedaba muy cerca y recé para no encontrarme a ninguno de ellos, pero justo cuando estaba pasando frente a la odiada casa, escuché unos fuertes golpes y unos gritos desesperados que me helaron la sangre. Mi curiosidad pudo más que el miedo que sentía así que me acerqué discretamente a la ventana para echar un vistazo y lo que vi allí, no lo olvidaré jamás. Odd estaba en el piso llorando mientras su tío, un hombre descomunal y evidentemente borracho, lo golpeaba sin piedad. Yo me quedé congelado donde estaba, sin poder apartar la mirada del terrible espectáculo, hasta que de pronto, Odd levantó los ojos y me descubrió en la ventana. Su cara se transformó inmediatamente en una máscara de odio intenso y yo salí corriendo olvidando totalmente las monedas y los caramelos.

Atravesé la puerta de mi casa como una exhalación y me escondí bajo mi cama, decidido a no salir de allí hasta que fuera lo suficientemente grande y fuerte para enfrentar la ira del menor de los Henderson. Después de pasar lo que parecía una eternidad metido en mi escondrijo, escuché que Sook me llamaba para cenar y me di cuenta de que estaba muy hambriento, sin embargo no iba a salir, pues era mejor morir de hambre que aplastado por los puños del terrible Odd. Pasaron unos minutos y el olor a estofado de cerdo se coló hasta mi habitación, hiriéndome la nariz con su dulzura, la boca se me hacía agua y las tripas me rugían violentamente. De pronto escuché unos pasos, primero subiendo las escaleras y luego acercándose a mi habitación. “Hasta aquí llegué”, pensé aterrorizado y cerré los ojos con fuerza por un momento, cuando los volví a abrir pude ver las inigualables chancletas verdes de Sook junto a la cama y suspiré aliviado.

-Sé que estás ahí, ¿qué pasa que no quieres bajar?

-Es que…yo…-¿Cómo hacerle entender que mi vida corría peligro? ¿Cómo explicarle la gravedad de mi situación?

-¡Imagino que debes haberte comido muchos dulces pero eso nunca te ha apartado de un estofado de cerdo!- dijo ella riéndose un poco.

-Sook, esto es más importante que un montón de caramelos- Nunca habría imaginado que esas palabras podrían salir de mi boca.

-¿Qué pasó?- preguntó, ya sin la menor señal de burla en su voz, y yo, sin poder contener las lágrimas, se lo conté todo.

-Me va a matar Sook, lo sé, no puedo ir mañana a la escuela ¡no puedo volver nunca!

-No digas tonterías, claro que vas a ir a la escuela, pero no te preocupes que yo te acompañaré. Ahora sal de ahí antes de que tus primos se acaben toda la comida- yo salí y la abracé con fuerza, agradeciéndole a Dios por haberme dado a la mejor tía del mudo.

A la mañana siguiente, yo me levanté más temprano que de costumbre y ya estaba preparado para enfrentar mi destino. Sook también estaba lista y juntos salimos para la escuela. Cuando llegamos buscamos a Odd en todas partes pero no había ni rastros de él, en el salón su silla estaba vacía y permaneció vacía por el resto del día. Sook se devolvió para la casa y yo respiré aliviado. Tal vez no estaba tan preparado para enfrentar mi destino después de todo.

Odd no volvió a la escuela en los días siguientes y poco a poco el miedo que sentía fue cediendo y finalmente estaba pendiente solo de la llegada del día de acción de gracias. Durante este día todas mis tías se juntaban en la cocina para preparar una comida digna del palacio de un rey y yo tenía permitido comer tanto como se me antojara.

Al despertarme en la esperada mañana del jueves, salté de mi cama para ver a mis tías trabajar en los deliciosos manjares de la cena y me sorprendí al ver que Sook no estaba presente, la busqué por toda la casa y no estaba en ninguna parte, nadie sabía a donde había ido y todas estaban muy ocupadas en sus propias labores como para que les importara mucho. Pasaron varias horas y ella no aparecía, la comida estaba lista y finalmente no pudimos esperarla por más tiempo y empezamos a comer. Cuando íbamos por la mitad de la cena oímos que la puerta se abría y reconocí la voz de Sook hablando con alguien. Yo salí feliz a recibirla pero cuando llegué a donde ella se encontraba, el alma se me fue al piso, me puse pálido y mis rodillas empezaron a temblar. A su lado estaba nada más y nada menos que Odd Henderson, vestido como para un domingo y con la mirada pegada en mi tía. Yo no podía creerlo, Sook, mi Sook me había traicionado. Un gemido, en el que se mezclaban el miedo y el desconsuelo, salió de mi garganta y los dos me miraron sorprendidos.

-¿Cómo pudiste? ¿Acaso me porté mal? ¿Cómo se te ocurrió traerlo aquí? ¿No ves que él es el mismísimo demonio?

Ella respondió muy seriamente- Buddy esa no es forma de comportarse con un invitado, ahora discúlpate con Odd y búscale una silla para sentarse en la mesa.

-Pero… pero yo…

-¡Ahora!- dijo con un tono que no admitía réplica

-Lo siento Odd- dije con lágrimas en los ojos, fui a buscar la silla y me senté en la mesa mirando fijamente a mi plato como si en él fuera a encontrar la respuesta a todas mis preguntas.

Cuando Odd se sentó todos guardaron silencio y él buscó nervioso a Sook con la mirada, cuando la vio sonreír su cara se relajó y sonrió también.

-Hola, soy Odd Henderson- dijo como si de verdad necesitara presentación- realmente es un placer estar aquí con ustedes, tienen una casa preciosa

Yo lo miré asombrado pues nunca lo había escuchado decir nada parecido y su voz sonaba muy distinta de la que había asediado mis pesadillas durante años. Sook seguía sonriendo y la tensión abandonó el comedor, todos siguieron hablando normalmente, excepto yo que seguía demasiado sorprendido para pronunciar palabra. Al terminar la cena Odd, ese nuevo y encantador Odd al que nunca antes había visto, se marchó entre chistes y cumplidos, agradeciendo a todos por la noche.

El lunes siguiente fui para el colegio todavía medio aturdido por los eventos de acción de gracias y cuando llegué, Odd y sus amigotes estaban quitándole el almuerzo al pequeño Mark Turner, yo suspiré decepcionado “Nada ha cambiado después de todo”, pensé y justo cuando estaba por escabullirme al salón para evitar problemas, vi que Odd le pasaba disimuladamente unas monedas a Mark junto con una nota, él la leyó medio asustado, sonrió y la tiró al cesto de basura. Yo la recogí y leí “Para que comas algo, pero si le cuentas a alguien te mato”.

-Bueno- me dije a mí mismo con satisfacción- tal vez las cosas sí han cambiado un poco- y me fui al salón sintiéndome más ligero

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